LA ESPAÑA VACÍA

Autor: Sergio del Molino

Editorial: Turner

Por Antonio Picazo. (Escritor y periodista especializado en reportajes de viaje. Crítico de literatura de viajes).

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Esta noche gran velada: la España rural contra la España urbana.

          “La España vacía”, es un ensayo que trata de analizar y, en consecuencia, explicar la imposible, por difícil, relación en nuestro país entre lo urbano y lo rural, un fenómeno que generalmente no ha obtenido mucha atención en los espacios de la literatura divulgativa: es el eterno desencuentro, el diálogo mudo del campo/pueblo/provincia con la gran ciudad.

          Sergio del Molino dice cosas muy interesantes acerca de los pueblos, especialmente del interior de España. Esos pueblos pequeños, desordenados, escasamente cuidados, con pocos habitantes y éstos de avanzada edad. Casas pequeñas y desaliñadas. Este tipo de poblaciones que son así debido al clima y al carácter hispano, pero también a la pobreza. Son villas muy diferentes en comparación a los pueblos del centro y norte de Europa, estos muy ordenados, limpios, con gente de todas las edades.

       El libro recorre los diversos ámbitos del abandono rural español, por ejemplo: la utilización electoral de la España urbana respecto a la España vacía; o lo que tarda en desaparecer el pueblo, el campo, la provincia en aquellos que se fueron a vivir al ambiente urbano: a veces, dos o tres generaciones, incluso se mantienen en hijos y nietos que nunca fueron rurales o provincianos. La vacía patria de los herederos de los expatriados de la España vacía, los catalanes sin pedigrí, por ejemplo. También habla de los efectos del aislamiento y del aburrimiento en el ambiente rural, la carencia de estímulos externos y de la manifestación de alteraciones psíquicas que ello produce, de tal manera –y esto lo digo yo– que la provocación concentrada e intensa de esos efectos nocivos han sido utilizados como elementos de tortura en cárceles y campos de concentración. Trata, así mismo, de la soberbia de las ciudades urbanas, frente a la desconfianza de lo rural. O de que igual que se llega a creer en los mitos y en las historias sagradas, la gente necesita creer en los mitos y leyendas que con un poso de realidad reafirman identidades y patrimonios. Cada colectivo quiere (necesita) tener con vehemencia sus héroes y sus historias, éstas bien asentadas y homologadas por la verdad.

       También resulta interesante, e informativo, y en alguna medida desmitificador, cuando se habla del tramposillo de Luis Buñuel el cual mintió al rodar su película documental sobre Las Hurdes (Tierra sin pan). El director de cine se nutrió de escenas que el preparó o provocó. Dio y buscó imágenes extremas cuando Las Hurdes, aunque es cierto que se trataba de una zona precaria, también tenía otros lugares que no eran ni resultaban tan miserables. Filmó lo que él quiso ver y si ello no aparecía por lado alguno ya se ocupó de que sí existiera, rodando escenas por él provocadas o preparadas. A veces la realidad destruye al mito, pero mucha gente, como Buñuel, se empeña en perpetuarlo.

        Un tanto en relación a esto, el autor, en otro capítulo, menciona a los clásicos viajeros románticos que en el siglo XIX, visitaron España. Las atroces observaciones que reportan los escritores y cronistas románticos extranjeros sobre nuestro país. Llegan en busca de mitos y se encuentran con un territorio en donde lo bueno y lo malo conviven en un contraste sorprendente. Estos escritores viajeros, entre ellos,  venían a decir que si se quería escribir sobre España, lo mejor era no visitarla, porque así se mantenía perpetuamente el modelo que se había ideado.

        Del Molino trata de manera amplia el fenómeno de las misiones educativas y culturales de la Institución Libre de Enseñanza. Un propósito de redención y liberación de gente de la ciudad hacia la gente rural. Una avanzadilla de esa liberación que acudía a la España vacía para salvarla de su ignorancia. Misión de misioneros porque por muy buenas intenciones que los institucionistas tuvieran, ellos siempre eran extraños, y seguían siéndolo al terminar sus campañas de labor cultural. Igual ocurre actualmente con los maestros de escuela que, con mucha vocación, y durante un tiempo, se encargan de la enseñanza en medios rurales. Ello, hasta que consiguen una plaza fija en una ciudad.

          También es destacable la parte dedicada al carlismo, al colocar este movimiento tradicionalista y guerrero en clave de ideología subyacente, en este caso como agitación de la España rural contra la España burguesa y urbana, una reacción de odio contra los que despreciaban a esos rebeldes. La tradición contra el liberalismo, el centralismo, la burocracia y la corrupción. Un trallazo de las instituciones periféricas que siempre quisieron estar aparte (si no frente) del Estado central. El carlismo, la gran inspiración de los movimientos nacionalistas en España.

           Un libro interesante en fin, bien escrito por un autor que, por cierto, es otro de los que –y según expresa en el libro– se ha tragado eso de lo del genocidio de los españoles en América. Del Molino, sin embargo, aquí a veces resulta divagante y no exacto. Dice, por ejemplo, que la serie de TV. “Cuéntame” tiene un aire conservador que le recuerda a algunas películas de tono franquista como “La gran familia”, cuando la serie es un panfleto cuasi sutil de ideología izquierdista, en donde –y por no hablar de los argumentos de los diferentes capítulos– sus personajes de perfil progresista están atacados de virtudes, son responsables, civilizados, luchadores, inteligentes, cultos, inquietos, modernos, rompedores, sin embargo, los de rasgos conservadores son cerriles, obtusos, ridículos y caricaturescos. A un tío tan culto, tan buen indagador y buen escritor, no se le ha podido escapar este asunto, aunque yo lo prefiero despistado a interesado mentirosillo.

           Sergio del Molino dice, en fin: “El problema de las explicaciones totales es que lo explican todo demasiado bien”. No es su caso, al menos en algunas explicaciones en donde se lía y se lía, dando la impresión de que si bien sabe penetrar en los temas, no sabe salir de ellos. Como cuando afirma: “Y ya se sabe que la nostalgia es una expresión suave y resignada del miedo” ¡¿?! El autor no explica qué y por qué es esto. Parece una frase dicha por decir, así, de manera dogmática por una persona con síntomas y síndrome de sobradete.

 

Lo mejor:   El haber rastreado sobre un fenómeno no muy tratado en la literatura divulgativa. Una visión de las diversas caras que posee el monstruo del desencuentro entre lo rural y lo urbano.

Lo peor:     El no llevar a término bastantes ideas, suposiciones y exploraciones socio-histórico-culturales que se presentan en el libro. La recalcitrante tendencia del autor a no peinarse.

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