LA SELECCIÓN NATURAL

Autor: Charles Darwin.
Editorial: Nórdica Libros.

          El viejo Darwin ilustrado.

Por Antonio Picazo. Escritor y periodista, especializado en reportajes de viajes y crítico de literatura de viajes.

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          Darwin no era precisamente un portentoso escritor. No dominaba bien las claves de la divulgación científica. En su libro “La selección natural”, faltan ejemplos de especies y fenómenos naturales cuya presentación soportarían muy bien el contenido de las teorías de aquel viejo husmeador de animales y plantas. La prueba es que en cuanto Charles Darwin pone un ejemplo, las ideas y los postulados se comprenden mucho más y mejor.

           Todo lo que se expresa en este libro, y con el paso de los años, resulta evidente y ya archiconocido, es decir, lo referido principalmente a lo que condiciona la selección natural: la capacidad de adaptación de las especies, la dependencia de unas y otras, el medio y el territorio en donde se desenvuelven –terrestre o acuático–, el clima, las especies competidoras.

           Precisamente, las especies que más diversidad y diversificación alcanzan son las que tienen más posibilidades de progresar y expandirse. Esto se debe a que ocupan más nichos y recursos que si hubieran permanecido especializadas e inmóviles en un solo ambiente y con solo unas pocas características.

           La controversia que provoca estas teorías de Darwin aparece sobre todo, cuando se quiere buscar y encontrar pruebas y pistas de especies intermedias, es decir, aquellas que sirven o sirvieron de enlace en el camino de la adaptación, o del perfeccionamiento de una misma especie.

           Otra de las polémicas, un tanto derivada de la anterior, es si en la evolución/selección natural, los pasos evolutivos fueron lentos y graduales, o bien a saltos (teorías saltacionistas). Darwin era partidario de lo primero, es decir, la evolución gradual, aunque posteriormente ha habido otros evolucionistas que han considerado que esa evolución/selección fue y va produciéndose, mediante cambios más rápidos (saltos), teoría de la que era partidario el paleontólogo estadounidense Stephen Jay Gould, ya que no hay fósiles ni evidencias que demuestren que existieron especies intermedias.

           -Lo mejor:   El hecho de refrescar las teorías de Darwin siempre viene bien. También, las excelentes y muy cuidadas ilustraciones con que cuenta este libro de gran formato.

          -Lo peor:      La carencia de pulso divulgativo de Charles Darwin.


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