HISTORIAS DE SALACOT Y FORTASEC

HISTORIAS DE SALACOT Y FORTASEC. Enrique Vaquerizo Domínguez.jpg

Autor: Enrique Vaquerizo Domínguez

Editorial: Viajesalpasado

África desde la larga distancia de la cercanía.

Por Antonio Picazo.

          Enrique Vaquerizo trata de traducir en este libro el territorio africano dando la espalda a las imágenes míticas y preciosistas de África, aunque también, por otra parte, deja bastante de lado los desastres de ciertas realidades de aquel continente. Es verdad que a pesar de que ambos presupuestos existen, éstos no son los dos únicos sellos que se estampan en un mismo documento.

         Una buena parte del libro cuenta con un barniz de humor que prácticamente esmalta todos los relatos que ahí se recogen. Igualmente se expone una visión de África desde el pudor de no pretender saber más que nadie acerca de este continente, no como aquellos que van por la vida de reporteros con los prismáticos puestos del revés, o aquellos otros que, bien a base de simplezas turísticas, o bien cubiertos del autoproclamado título de espabiladísimos viajeritos que por el hecho de haber conducido un vehículo 4X4 por Namibia, piensan que son lo que no son. De estos últimos hay en el libro, por ejemplo, un personaje (femenino/español) que el autor encuentra en la isla de Carabane (Senegal) y que resulta bastante repelente, por tratarse de esa figura listilla que pretendidamente está de vuelta de las cosas (lógicamente, ella ha constituido, como es de rigor, su correspondiente ONG). Sabe mucho, porque se cree que está aprendiendo y creciendo mucho, más que el resto de la humanidad. Concienciada y prepotente, en fin, lo de siempre.

      Por lo tanto, Vaquerizo aparte de su responsabilidad al tratar el tema africano por la vía de sus visitas a algunas zonas de países del oeste de aquel continente, (Níger, Camerún, Burkina Faso, Mali, Senegal, G. Bissau) además de su pulso humorístico, su relato cuenta con mucha frescura. Un contraste gratificante sobre todo, cuando habla de aquel secarral que es ese país caluroso, árido y polvoriento que es Níger. Literariamente, las narraciones de “Historias de…” tienen pretensiones y hallazgos de cierta y buena altura, aunque, eso sí, no resultan pretenciosas, hay en ella algunas imágenes y analogías que son muy atractivas, el mercado de carne (cabezas de animales) que describe es sobrecogedor por el pleno salvajismo africano que contiene. No obstante, el activo principal de la construcción de “Historias…” es su fluido, porque aunque de manera suave y nada efectista, en sus capítulos casi siempre están pasando cosas, tienen brillo, no aburren, contienen algún adobo –sin abusar– de hechos históricos, y no suelen salpicarse de planteamientos pedantes, tan al uso entre tanto cronista de viajes transcendente que circula por ahí.

         En el libro –cuyo título resulta atrayente y acertadísimo– hay algunas cosas, sin embargo, que no es que no me hayan gustado, sino que con el trayecto que se ha elegido para el conjunto, su presencia me ha rechinado en el seno de un trabajo que me hubiera resultado redondo. Me refiero a la, cómo no, aparición, de una manera u otra, de las omnipresentes ONGs. Y es que desde hace unos tres siglos, a África le es imposible quitarse de encima a las siempre entrometidas blancas manos, no hay manera. Si en el siglo XIX fueron el colonialismo y el reparto efectuado en la conferencia de Berlín, en los siglos XX y XXI es la masa cooperante la que no deja en paz, de una vez, a los africanos para que éstos dirijan su destino y su dignidad. Los cooperantes consiguen más frutos para que su ego engorde y su mala conciencia enflaquezca, que los propios –se supone– destinatarios de las ayudas y limosnas las cuales acaban convirtiendo a esta gente en una larga tropilla de pícaros, cuentistas y pedigüeños.

      Lo mejor:   La humildad y modestia al hablar de África. La frescura, humor, brillantez y hallazgos literarios con que se construyen el testimonio y las narraciones que componen el libro. Unas agradables ilustraciones.

 

    Lo peor:     El prescindible prólogo y quizá el sobrante epílogo. Las no infrecuentes erratas y fallos de puntuación. La aparición de las omnipresentes ONGs. La mención como ejemplo positivo de la figura de ese embustero, racista, enredador y colaboracionista de la Leyenda Negra contra España que fue F. Bartolomé de Las Casas.

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