NO DUERMAS, HAY SERPIENTES (Vida y lenguaje en la Amazonia)

Los indios que despertaron al misionero.

Autor: Daniel Leonard Everett.

Editorial. Turner. Colección: Turner Noema.

Por Antonio Picazo.

 

          Unos indios pirahâ caminaban por una gran ciudad (Porto Velho) del mismo modo que lo harían en la selva, es decir, en fila india.

          Libro de tono esencialmente antropológico que ofrece aspectos muy interesantes de la comunidad indígena de los pirahâ, grupo localizado en la Amazonia, en el noroeste de Brasil, a lo largo del río Maici, subtributario del Amazonas. La obra está escrita por Daniel Leonard Everett, un misionero, antropólogo y lingüista estadounidense perteneciente al ILV-SIL (Instituto Lingüístico de Verano / Summer Institute Linguistics), esa congregación originada en Estados Unidos, evangelista y especializada en dinamitar culturas nativas, -en algunos casos se les acusa de cosas peores-). No obstante, tras un tiempo de reflexión, el autor abandonó ese nido de poderosos, cultos, y a la vez ignorantes, traductores de la Biblia a lenguas minoritarias, generalmente no escritas, y también, por lo tanto, difusores de un modelo religioso y represor el cual a los pirahâ, y dada su peculiar cultura, les traía y les trae al pairo. La convivencia con aquellos indígenas provocó en este hombre una crisis personal de sinceridad, mentalidad y meditación sobre lo que había sido su vida a lo largo de su trabajo de campo.

          En los primeros días de su estancia en la Amazonia, Everett sufre de un gran miedo y desasosiego debido a las incertidumbres que encierra la propia selva: animales, enfermedades, accidentes, etc. Aunque eso sí, cuenta con el soporte de ayuda que tienen los misioneros de la misma onda e ideario. En este caso los yanquis del I. L. V., todo ello en contraste con los pirahâ que no tienen posibilidad alguna de recibir ayuda, así pasaba, que ellos morían mientras los misioneros se salvaban.

           El último tercio del libro resulta un tanto tedioso, ya que en esa parte se vuelca el objetivo principal del trabajo de Everett, es decir, un número de páginas de teorización y observación de lo que es el fundamento, la estructura, la gramática, incluso la genética del habla.

          El título de la obra hace referencia a que para los pirahâ no es conveniente dormir mucho, ni profundamente, en la selva, por los ya mencionados peligros. Dice el autor: “Creo que el consejo de no dormir, por las serpientes, ellos lo siguen al pie de la letra: dormir profundamente en la selva puede ser peligroso. Me advirtieron por ejemplo, que tuviese cuidado con los ronquidos: “Los jaguares creerán que eres un jabalí y vendrán a comerte”, me explicaron tan contentos“.

        En el texto se habla de aspectos especiales, y culturalmente muy distintos, de los pirahâ, en comparación a otros grupos étnicos. Por ejemplo, la promiscuidad (incluso la pederastia); la coerción como método regulador de la disciplina de un colectivo. El ostracismo es una manera de castigo para quien no cumple las normas no escritas de la comunidad. Esto ayuda en buena medida a que la figura del jefe de tribu no sea necesaria y que cada cual deba saber cuál es su obligación, su papel y labor tanto individual como colectiva,

         Los pirahâ poseen una lengua tonal, no tienen números ni cuantifican las cosas, pero ellos se arreglan con una especie de “todo” y “parte”. Por cierto, las mujeres utilizan en su idioma una consonante menos (7) que los hombres (8). Tienen 3 vocales.

          Aunque en un primer momento, la cultura de los pirahâ, especialmente la material, parece escasa, o muy básica, a pesar de que esta gente en apariencia resulta superficial, son poseedores de un conocimiento muy interesante, aunque un tanto soterrado.

      El concepto de no hacer, por ejemplo, cestos resistentes, o descuidar las herramientas, o bien no conservar la carne ni la comida en general (comen poco, el 70% de su dieta es pescado, el resto se compone de lo que puedan cazar (excepto reptiles) y recolectar) no es para los pirahâ un síntoma de vagancia, sino de despreocupación por el futuro. Les interesa el presente y lo que pueden ver y comprobar, por eso carecen de ritos y de literatura oral, de cuentos y leyendas, en fin, todo eso tan habitual en tantos y tantos grupos humanos, primitivos o no. El pasado no existe para los pirahâ mucho más allá de dos o tres generaciones. Sus valores se transmiten mediante testigos inmediatos, reales y presenciales. En definitiva, les interesa el hoy y la experiencia inmediata. No tienen historia porque los recuerdos, el pasado, no les importan. Por eso es esta una etnia excepcional ya que, por ejemplo, carece del mito de la creación del mundo. Es la razón por la que los misioneros no consiguen que los pirahâ puedan tener en cuenta a la Biblia, o cualquier sentido mítico religioso que no contemple testigos vivos que la refrenden.

         Los pirahâ entienden que las dificultades hacen grandes y fuertes a las personas. No suele haber sobre protección para los niños que prácticamente son considerados adultos o al menos no hay una gran diferencia en el trato entre niños y adultos.

     Para los pirahâ los sueños son considerados como experiencias reales, solo que cuando se está dormido las cosas se ven de manera distinta a cuando se está despierto. Los espíritus son ellos mismos y están entre ellos, a veces son poseídos por lo que estos indios llaman espíritus, otras sencillamente, ellos se creen eso, espíritus.

       Finalmente y según el autor, y en controversia con el santón de la lingüística, Noam Chomsky, –que afirma que la lengua y sus componentes gramaticales tienen su origen y fondo en la genética–, la cultura condiciona la lengua. Sin la cultura y la costumbre la lengua no puede crecer ni desarrollarse. Se habla de lo que se sabe y de lo que se necesita. Por eso un extranjero que conoce un idioma ajeno al suyo no debe pensar que domina la cultura y sus resortes de pensamiento, podrá comunicarse con los que hablan ese idioma, pero no con su pensamiento real ni con sus sentimientos. Si bien los pirahâ tienen una gramática muy limitada, ellos consideran que no necesitan más que eso, porque su expresión habitual, y casi exclusiva, es la inmediatez, es decir, lo que se necesita comunicar en el ahora y no en el pasado o en el futuro. La gramática quizá será útil, y hasta necesaria, en sociedades, tales como son las industriales, con un grado de información y comunicación mayor y más complejo. De todas formas esa supuesta limitación no supone para los pirahâ un sentimiento de inferioridad, todo lo contrario, lo es de cierto desprecio por otras culturas, por ello no provocan encuentros, mezclas o asimilaciones.

Lo mejor:     La descripción de un pueblo (el pirahâ) cuyos rasgos culturales son especialmente distintos y originales a tantos grupos étnicos del mundo. El concepto de inmediatez de esta gente supone el no importarle el pasado ni el futuro, con lo que esto significa de alivio a la mera tensión existencial.

Lo peor:      Aunque interesante y fundamental, la engorrosa parte específica que se refiere a la labor lingüística del autor entre los pirahâ.

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