DESDE UNA BICICLETA CHINA.

DESDE UNA BICICLETA CHINA. Dolores Payás.jpg

Una avispada en el avispero

Autora: Dolores Payás.

Editorial: Harper Collins. 2016.

                                             Por Antonio Picazo

          Libro esencialmente divertido cuyo elemento diferencial es un cierto nuevo tipo de estructura no habitual en un texto de viajes. En vez de una narración continua, resulta ser un mosaico de escenas cosidas, diversos planos y situaciones que, en conjunto, forman un relato de relatos que, por lo original, está bien y es llamativo, pero cuyo resultado no es especialmente sustancioso, no plantea nada que pueda considerarse de otra galaxia de cara a un libro de viajes, si es que a esta obra es posible incluirla en este género literario. De hecho, no se sabe a qué viene el título de “Desde una bicicleta china”, porque apenas se habla de otros lugares de China que no sea Pekín, y desde luego, tampoco aparece bicicleta alguna como sustento o percha de lo que se cuenta.

          Si uno se pone estupendo (como a menudo se pone la propia autora, tan listilla ella) y positivo, se puede decir que con la lectura del libro se pasa un buen rato, tiene humor y desparpajo, crea ambientes y argumentos basados en, se supone, hechos reales. Los relatos están bien construidos, se nota el oficio de guionista de la autora, la listilla sabe escribir, aunque debería darle una vuelta al texto, contiene varios fallos de redacción (o corrección), por ejemplo: “… los ojos a posar sus ojos” (P. 61) o “… de una y otra parte. Por otra parte,…” (P. 94).

          Payás comienza el libro con un cierto clima prochino, quizá con la pretensión de quedar original y discordante con el resto de la humanidad, –la humanidad vulgar, claro–, que soporta a una especie que, por una parte, resulta contaminante y arrasadora del medio ambiente en su propio país, y que, por otro lado, se extiende invasiva por el mundo para exportar su hermetismo, insociabilidad, avaricia, corrosión económica, fraudes, codicia, evasiones fiscales, falsificaciones de artículos de gran consumo, en fin, salvo excepciones rurales en China y ejemplos honestos y emprendedores fuera de allá, se trata de una marabunta imparable. ¿Qué aportan los chinos a los países que les acogen si los puestos de trabajo que crean son para los propios chinos y los beneficios de sus tiendas, bazares y empresas se envían a China? Aunque luego, eso sí, Dolores Payá recula y al final de las páginas parece que ya no está tan a favor de la cosa china, sí pero no, todo en el mismo libro. Y casi mejor, porque de los pocos argumentos que expone para justificar las hechuras del fenómeno chino, destaca aquel que dice que, por ejemplo, la insoportable polución de Pekín tiene su lado bueno, y es que los pekineses para combatir la macro contaminación de aquel avispero llamado ciudad, se colocan unas mascarillas de estupendo diseño y moda, muy monas. Con esta observación, ay, la listilla se hace la tontilla. Después sí, ya afirma que los chinos son pragmáticos, nada de idealistas, que sobre todo les prima el dinero, la salud mucho menos; que la relación de esta gente con los dioses es meramente comercial: “yo te pago, y tú me concedes lo que me haga falta, y tengamos el incienso en paz”. A ver si nos enteramos, que China es otro planeta y los chinos sus extraterrestres.

          Y ¡ah!, antes de que se me olvide, a Pekín le llama Beijing, un nombre que se alinea y aliena con el invento anglosajón para transcribir una fonética que no es china (el sonido más parecido en el idioma mandarín, o chino por extensión, sería Peiching) y mucho menos española (que sería el Pekín de toda la vida). Pero la listilla está muy viajada y prefiere eso de Beijing, aunque en la página 96 le patine la pinza, se descuide, y escriba Pekín. Y ya el colmo es cuando escribe eso de; “… la Embajada Norteamericana”, mal hubiese estado que hubiera dicho, como tanto se dice, eso de Embajada Americana, pero cuando esta moza expresa lo de “Norteamericana” ya es la repanocha, pero hombre, María Dolores, con lo lista y avispada que eres, esto es impropio de ti, qué fallo.

          Hay en el libro algunas virtudes interesantes tales como el rescate de la figura de Mateo Ricci y las estrategias misioneras de los jesuitas; o el curioso capítulo sobre la doble iglesia católica china; o el sustrato rural y provinciano que Pekín tiene a su pesar. En estos casos y en algún otro, el texto toma altura, y no porque entonces estos asuntos se traten en serio (aquí puede caber humor igual y perfectamente) sino porque la autora deja de ir de sobrada y se pone en plan escritora que es lo que es. Incluso hay un capítulo, sin duda el mejor del libro, el titulado “La habitación de jade verde” –quizá también “Estampas estacionales”– que contiene una sensibilidad que resulta ser un obsequio lejos de los ejercicios de estupendismo ilustrado de María Dolores.

          Pero, ¡ay! también tenemos la cruz ¡qué cruz! del capitulo de “Las Pájaras” donde la autora cae en el tópico habitual de las escritoras avispadas, modernas, liberadas y correctas, es decir, ridiculizar a las pobres vampiresas y, ya, lo más de lo más, mofarse de la figura del pobre hombre enclaustrado en su foso repleto de testosterona sin salida, así como de bichos ponzoñosos que inoculan poder + ambición + vanidad. Mari Loli, que eso ya está muy visto, y escrito.

        Lo mejor:   Los aspectos históricos, contemporáneos y sociales de China. Las crónicas del pequeño Pekín. La excelente construcción de los diferentes pasajes del libro. También los dibujos de Gustavo Contepomi.

      Lo peor:     El tono y estilo despabilado y autosuficiente de la autora, para ser graciosa no es obligatorio ir de sobrada, ni de listilla.

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2 comentarios en “DESDE UNA BICICLETA CHINA.

  1. Nunca había leído una crítica literaria tan inconsistente y llena de ponzoña contra la autora. ¿Le rompió l corazón en algún momento? ¿Le quitó un puesto de trabajo? ¿Sabe qué es lo peor, que en realidad, usted no ha hablado del libro, sino que se ha Autorretratado. Y le aseguro que ha salido usted espantoso.

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