LA GRAN GRIETA (El despertar de África)

9788434423312

África y la banda de la pústula.

Autor: Alex Perry

Editorial Ariel.

                                                                                                                         Por Antonio Picazo

Libro que pertenece al subgénero de la pústula africana. Es decir, un largo texto de más de 500 páginas escrito por un feligrés anglosajón, seguidor de la secta del furúnculo purulento africano. En España también tenemos devotos de este tipo de periodismo: Alfonso Armada, Gervasio Sánchez, y últimamente, Xavier Aldekoa. Todos ellos adoradores del, por ellos a punto de ser canonizado, Ryszard Kapuscinski. Y esto no es lo peor, la cosa es que detrás de estas figuras tan dinámicas, hay un hato de seguidores potenciales, aspirantes en la sombra, en la penumbra, algunos ya en la media luz, sacando la gaita y formando una santa compaña dispuesta a salir hacia el conflicto a lucir palmito, aventura y chalecos multibolsillos. Qué bien se le da a esta gente describir y fotografiar el SIDA, la malaria, la guerra, el ébola, el hambre, la corrupción, al sátrapa africano de turno, a la muerte, al negrito mocoso, esas y esas tantas etiquetas tan rentables para estos reporteros del horror. El negocio de la  pústula es inconmensurable.

Cierto que La gran grieta resulta un libro informativo, y es que los “pústulos”, en alguna buena medida, son necesarios para ver y contar lo que ocurre en los tenebrosos destinos del mundo, aunque eso, en alguna medida. Pero claro, a lo largo de sus páginas el libro trata, dale que te pego, de las muestras que conforman una cierta y exclusiva realidad problemática y, como no, conflictiva del continente africano, que sí, que existe, pero que no es la única imagen que de África se puede tener y obtener. Aunque claro, si solo vas a las tinieblas, encuentras tinieblas, no vida cotidiana que, vaya, en África resulta que haberla hayla. Gente que trabaja y se levanta al amanecer para llevar a apacentar sus ganados, a aventar el mijo, a recauchutar una vez más los neumáticos que traen a sus pequeños talleres de compostura mecánica; jóvenes que van a colegios precarios y lejanos pero que van y vuelven. Gente que tiene sus ambiciones y sus sueños. Y su mal genio, claro, y su tono de felicidad, como todo el mundo. Pero eso, ¡ah!, no es rentable.

Algunas partes del libro son muy interesantes, otras traen una carga de controversia y otras, sin embargo, resultan pueriles. También ingenuas, aunque cuando esas ideas cándidas proceden de alguien terrestre, y no digital, y se supone que bien informado, el asunto puede tener su cuota de perversidad. Pensar que la culpa de todos los males del universo la tiene Estados Unidos, que lo de los yihadistas en particular y los musulmanes en general, es una reacción comprensible frente a un capitalismo malvado, que hay que comprender que, en estas circunstancias, reviente esa incultura invasiva y medieval de la media luna; que Mahoma era un caravanero muy majo. Creo que Alex Perry se confunde a propósito en saber cual es y donde está el verdadero enemigo. Uhmmm, Alex, muchacho, eso no está bien

En La gran grieta aparecen territorios terroríficos, entre otros, Sudán, Uganda, Ruanda, Nigeria, Somalia. Sudáfrica, Zimbabue, en fin, la flor y nata de la pústula. También personajes de la delincuencia y del pavor político, social, religioso y económico, tales como Robert Mugabe, Joseph Kony y su Ejército de resistencia del Señor; los señores de la guerra somalíes, los terroristas islámicos de Al Shabab, Boko Haram, Al Qaeda de Magreb; o bien organizaciones (o desorganizaciones) como esa sudafricana caterva institucionalizada de golfos que es el Congreso Nacional Africano. Incluso dedica un capítulo a la presencia china en el continente, con ese novedoso estilo oriental de explotación no vinculado a ideología u orientación alguna.

Pero, a pesar de todo esto, Perry sí tiene el atrevimiento de poner el dedo, y creo que toda la mano, en la llaga, cuando habla de la cooperación y de la ayuda internacional: ONGs o similares, sobre todo de esa derrochadora ONU. Empresas cooperantes de tan buena, pero la vez tan contradictoria, imagen, sobre todo en lo que se refiere a las prebendas y obscenos sueldos de sus cuadros medios y altos. Tantos millones de dólares distribuidos en ayudas y tanto tiempo invertido, pero África permanece en las mismas. Tanta manera de decir qué y cómo los africanos deben hacer, tanta subvención, y tanta toxicidad para la autoestima, dignidad y orgullo de la gente africana.

En fin, que La gran grieta (El despertar de África) aunque informado y muy elaborado, es un libro pústula. Cierto es que conforme se avanza en su lectura, ésta deja claro que lo mejor para África es que los africanos dirijan su propio destino, sin paternalismos ni humillantes regalos, ni continuos programas de ayuda. Pero, en suma, que La gran grieta es lo que es, y muestra su emblema y rostro duro cuando describe una escena aborrecible, muy propia de los reporteros “pustulantes”. Cuando en la página 28, relata cómo el fotógrafo colaborador de autor, intenta –y consigue– captar con su cámara, el momento JUSTO (e injusto) en que un niño africano muere de desnutrición y enfermedad. Paisaje habitual, pues, pintado, trazado, fotografiado y relatado por los lejanos e intrépidos hombres blancos (por cierto, muchos de ellos presumen de conocer muchiiiisimo África y sus entretelas ¡¿ ?!). La gran grieta, perspectiva reiterada de África que a mi me cansa y a los africanos mucho más.

 

Lo mejor:

El carácter informativo, documental y testimonial del libro.

El desenmascarar a tanto lucrativo autoempleo de ONGs y demás organismos cooperantes.

Lo peor:

La pertenencia del libro al subgénero del periodismo de la pústula.

El intento de justificar, echándoles la culpa a otros, la existencia y expansión del terrorismo musulmán.

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