ÍTACA

  • Autor: Constantin Pétrou Cavafis
  • Editorial:  Nórdicalibros

Camino de ida y vuelta

(Por Antonio Picazo. Escritor y periodista especializado en reportajes de viajes. Crítico de literatura de viajes.)

Portada Itaca     La editorial española Nórdica tiene la grata vocación de publicar libros con un estilo y forma que ya ni se ven ni se esperan. Sus colecciones de tapa dura, y ya no digamos sus obras ilustradas, están bajo el patrón de lo que debe –debía– ser un preciso trabajo editorial. Una de estas muestras es la publicación del poema Ítaca, de C. P. Cavafiis, la oración de cabecera de todo viajero, incluso de algún turista despistado –disculpas por esta redundancia: turista  y despiste son sinónimos–. El resultado es muy llamativo, porque el poema se reparte, a veces verso a verso, en un volumen visual, de apenas 60 páginas, en doble versión, castellano y griego, con la transcripción del poema completo al final del libro. Además, este Ítaca cuenta con unas oníricas, y por lo tanto inquietantes, ilustraciones realizadas por Federico Delicado.

El fundamento de Ítaca ya es conocido entre la secta de los movidos por el mundo. Además de su evidente significado, coherente con el propio Viaje, resulta una metáfora, que cae como un anillo al cuerpo, como un traje a la medida de los dedos de la mano, de lo que es la vida, la diferencia entre lo que son las velas al viento y el sofá con lamparones de cubata. Que el camino es más importante que el destino ya se sabe, pero lo que no se sabe tanto es que el camino es el propio destino, y esa ruta no solo incluye el trayecto de ida, también el de vuelta. Y el que no quiera ni la ida ni el regreso, ni las cosas que pasan en ese ir y venir, pues nada, que se quede cebando grasa de cintura para abajo, cosa que también tiene su morbo. El asunto no tiene más secreto, Cavafis no inventó la pólvora, eso sí, con ella hizo y lanzó cohetes: Ítaca.

  • Lo mejor: La edición y las ilustraciones de la obra. Y, claro, el fundamento del poema.
  • Lo peor:  Un prescindible prólogo que por querer ilustrar el concepto de ida y vuelta, no se sabe si su autor va o viene. También sobra su mención y referencia del famoso y aburrido “Viatge a Ítaca“, de Lluís Llach, un disco tan plúmbeo y cargante como su propio intérprete.
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