VIAJE A TÍBET

  • Autor: Robert Byron
  • Editorial:  Abada Editores. 2013

Maneras británicas de viajar

(Por Antonio Picazo)

viaje al tibetRobert Byron (1905-1941) fue un escritor inglés similar en estilo a otro escritor y viajero de su época, e igualmente inglés: Evelyn Waugh (1903-1966). Aunque este último poseía, sin embargo, mucho mejor pulso literario. Ambos, por ejemplo, tienen en sus obras puntos de humor semejantes. Como muestra, se puede observar cómo en “Viaje al Tíbet”, Byron desarrolla suficientemente bien las ocurrentes escenas en que un elefante es protagonista, no obstante, para que hubiese quedado un cuadro más redondo, con más gracia, el autor podía haber sacado algo más de partido a esa situación, se queda corto. Byron y Waugh de la misma forma, solían ridiculizar a la clase alta imperial británica, un gueto de cretinos que se merecía las puyas y caricaturas de ambos escritores.

El libro cuenta con los síntomas habituales de los escritores ingleses de viajes (también de muchos británicos y por extensión, de los anglosajones), es decir: distancia entre el viajero/escritor y las gentes de a pie que habitan en los lugares visitados. Solamente se suelen relacionar con élites y clases dirigentes: altos funcionarios, nobles, militares, intelectuales, ricos comerciantes, etc., al pueblo llano suelen ignorarlo casi sistemáticamente. Aun así, tanto Byron como este tipo de autores, afirman, incluso se lo creen, que conocían las costumbres y fundamentos de las gentes de los sitios que visitan.

Byron resulta cargante en sus descripciones del paisaje, de los objetos y de los monumentos, resalta, una y otra vez, las prácticamente prescindibles medidas inglesas (pies, yardas, etc.) con que casi contabiliza esas cosas, aunque en lo que se refiere a la arquitectura, y al no haber muchos edificios destacables durante el recorrido, o en el propio destino (Gyantsé), este autor no se excede demasiado, Byron en este aspecto, es absolutamente insoportable en otros libros de viajes.

El viaje de Byron, tuvo bastante mérito ya que, en la época en que se llevó a cabo –finales de los años 20 del siglo pasado– la aviación, por ejemplo, no estaba tan desarrollada como lo está ahora, los grandes trayectos en avión se tenían que realizar mediante numerosas etapas y escalas. Además, al hablar propiamente de la ruta que siguió y sufrió en su viaje al Tíbet, Byron lo hace con modestia, la compara con otros viajes –hechos por otros viajeros– que él consideraba que fueron más difíciles y que requirieron más esfuerzo.

Esta edición de “Viaje al Tíbet” cuenta, además, con el inconveniente de una traducción bastante defectuosa, tanto, que la lectura del libro a veces resulta ciertamente llena de ruidos, correosa, incluso, con frecuencia, incomprensible. Existen muchos detalles que así lo demuestran, por ejemplo: “El agua inundó la cabina y todos se subieron al techo, de donde un bote llevó a tierra a aquellos a quienes las hélices habían dejado intactos”. ¡¿?!; Igualmente, al texto le faltan una gran cantidad de comas.

  • Lo mejor: El propio testimonio del viaje. El retrato de una época pionera para los transportes aéreos.
  • Lo peor: Las casi exhaustivas y densas descripciones del paisaje tibetano. Una defectuosa traducción.
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