VIAJES CON CHARLEY (En busca de Estados Unidos)

  • Autor: John Steinbeck
  • Editorial: Nórdica Libros 2014

(Por Antonio Picazo). Texto que cumple en buena medida con lo que debe ser una obra perteneciente al género de la literatura de viajes. Tiene trayecto, relato y descripciones de las cosas de la ruta y, claro, reflexiones del autor provocadas por el hecho de estar plenamente en el camino.

John Steinbeck, ante su inminente vejez, se niega a ser lo que él llama “un viejo-bebé”, esa persona que desde la actividad, se convierte en un individuo dispuesto a que le cuiden y le aparten amablemente de la circulación. A Steinbeck le llama la atención –y posiblemente también al lector– la cantidad de personas a las que les gustaría llevar a cabo lo que él hace pero igualmente, no quieren provocarse movimiento alguno para alejarse de sus lugares y costumbres. Es conocedor y testigo de la gran cantidad de personas que proclaman su frustración y deseos.

Su objetivo es recorrer una buena parte de Estados Unidos (más de 16.000.- kilómetros) viajando por carreteras secundarias, por y a través de paisajes solitarios y por pequeños pueblos, muchos casi abandonados. En este recorrido John Steinbeck tuvo la compañía de su perro Charley.

Excelente imagen de la velocidad cuando se produce la irrupción súbita del extraño gato que habita en uno de los hostales en donde Steinbeck se aloja en su viaje. Y muy Interesante el retrato que el escritor realiza del tipo que ha estado en una habitación de hotel antes de que Steinbeck le asignaran esa misma habitación todavía sin preparar. Una persona que el autor ni siquiera ha visto. Justas descripciones de la soledad y la desolación, de cuando las certezas desaparecen y surge lo atávico, o el relato cargado de ironía, sobre lo que dice en su sermón apocalíptico y amenazante, un pastor en una celebración dominical: “Habló del infierno como un verdadero especialista, no de la pamplina de infierno de estos tiempos blandengues, sino de un infierno bien provisto, al rojo, atendido por técnicos de primera calidad. Aquel reverendo llevó el infierno hasta un nivel en el que pudiéramos entenderlo, lo convirtió en un buen fuego de carbón, con tiro suficiente y una brigada de demonios de horno Siemens que ponían el corazón en su trabajo, y su trabajo era yo. Empecé a sentirme bien de verdad”.

Cuando en el libro, los destinos y los caminos no dan mucho de sí, o la ruta es monótona y aburrida, Steinbeck echa mano de sus reflexiones y de su depósito de ideas personales. Habla sobre la poca consistencia que tienen las raíces del ser humano cuando se trata de progresar en la vida. También sobre la pérdida de las diferencias e identidades debido a la globalización (se anticipa al fenómeno que tendría que llegar. Este viaje se realizó en 1960.) Esa carencia se significa en las figuras de las autopistas, la Tv., y las redes de alta tensión. O, por ejemplo, de cómo se ha idealizado un lugar no visitado, y cuando se llega a él no concuerda, a peor, con esa idea. A veces conviene, aunque se visite ese sitio, perpetuar la imagen de ficción que se tenía de él. Que la realidad no elimine el encanto producido por la imaginación.

La obra recoge reflexiones sugerentes sobre los bosques de secoyas, o los barrios antiguos, de estos últimos dice Steinbeck: “Cuando una ciudad empieza a crecer y extenderse hacia fuera, por los bordes, el centro que antes era su gloria es como si se dejase abandonado en manos del tiempo. Entonces los edificios se oscurecen y se asienta en la zona una especie de deterioro; bajan con ello los alquileres y se traslada allí gente más pobre, y el pequeño comercio marginal pasa a ocupar el lugar que ocupaban antes negocios prósperos. El barrio resulta aún demasiado bueno para echarlo abajo, y está demasiado pasado de moda para que resulte deseable. Además, la energía se ha canalizado toda hacia las nuevas urbanizaciones, hacia los supermercados semirrurales, los cines al aire libre, las casas nuevas con amplio espacio de césped y las escuelas de estuco donde se confirma a los niños en su analfabetismo. El antiguo puerto de callejuelas y suelos empedrados, tiznado de humo, pasa por un periodo de desolación, habitado de noche por ruinas imprecisas de hombres, los lotófagos que se abren camino diariamente hacia la inconsistencia a base de alcohol puro. Casi todas las ciudades que conozco tienen esa madre agonizante de violencia y desesperación donde de noche se esfuma la claridad de las farolas y los policías andan en parejas. Y luego un día quizá vuelva la ciudad y extirpe la llaga y eleve un monumento a su pasado”.

La última parte de libro, sin embargo, se hace algo pesada por sus comentarios y casi tratados (por ejemplo: sobre Texas y los tejanos) Además, el desarrollo de ese tramo de texto resulta teórico y un tanto retórico.

  • Lo mejor: La sujeción del libro a los principios de la literatura de viajes. La observación, agudeza, captación y desarrollo literario de muchas de las escenas surgidas en la ruta. Que el autor haya sacado partido a su soledad de viajero y a la descripción de los lugares aislados.
  • Lo peor: La parte que habla de Texas. Su desarrollo resulta pelma y, en consecuencia, aburrido.
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Un comentario en “VIAJES CON CHARLEY (En busca de Estados Unidos)

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