OCÉANO ÁFRICA 

  • Autor: Xavier Aldekoa
  • Editorial: Península (Odiseas) Noviembre 2014.

El negocio de la pústula

(Por Antonio Picazo)

IMG_4983     Xavier Aldekoa es un periodista perteneciente a la intrépida tribu del reporterismo extremo. Es uno de esos que recorren el mundo, en este caso África, para ser testigos y dar testimonio de las pústulas universales y de las miserias más espesas del género humano, eso que tanta náusea y sentimientos de culpa provoca a los anestesiados habitantes del planeta Progreso.

       En consecuencia, Océano África resulta ser una sesión continua de denuncia y difusión de las úlceras africanas, de aquellas hijas díscolas del Apocalipsis: la guerra, la corrupción, la delincuencia de calle y carretera, el hambre, la contaminación, la explotación intensiva, las epidemias y pandemias, los campos de refugiados, la superpoblación, la persecución étnica, así como esa plaga que tanto destruye y nada construye que es el islamismo.

     Igualmente, Aldekoa denuncia las muchas personas y colectivos que hacen de las llagas africanas sus negocios, creando en unos casos una rentabilidad económica y en otros, beneficios ideológicos o espirituales. En este aspecto, aunque algunos de esos focos de provecho no se mencionan en el libro, supongo que habría que destacar en el primer grupo, a las empresas, multinacionales o no; a la invasión china (otra plaga) y a los sátrapas, africanos o no. En el segundo grupo, y entre otras abejas emocionales que, con una especie de buena voluntad, o no, acuden igualmente al salvaje panal de rica miel africana, estarían algunas ONGs, las misiones religiosas, la penetración musulmana. Pero, ¡ay! también, y de estos se olvida Aldekoa, están los reporteros extremos, aquellos que acuden a África con sus chalecos multibolsillos y sus costosas cámaras de última generación, para realizar sus reportajes y documentales sobre la llaga, o sea, el propio Xavier Aldekoa. Como se ve, entre unos y otros, aprovechantes y cooperantes, se forma un verdadero emporio del negociete de la pústula. ¿Qué sería de los reporteros extremos si África fuese una balsa de aceite? Y lo peor de estos lanceros de lo mediático, es su labor colateral de perpetuación resultante, es decir, el fijar la pústula como carácter endémico de África, cuando en este continente, sí, además de sus miserias, muchas de ellas ciertamente extremas, prevalece una existencia cotidiana, un día a día que hace que la vida de la mayoría de sus habitantes, si bien precaria, sea soportable y hasta normal. Muchos africanos están hartos de que lo atroz sea la moneda de cambio del visitante informador de piel lechosa, bien o mal intencionado.

     Fuera de la crónica de las penalidades, el libro recoge algunas observaciones interesantes como, por ejemplo, el concepto del tiempo en África; o la justificación del por qué en África se paga una dote matrimonial, así como la importancia e influencia del parecer familiar para el acuerdo entre los futuros contrayentes; O como cuando se constata con perplejidad que aquellos que comenten atrocidades también tienen sus sentimientos. Un mercenario que es capaz de las peores y mayores crueldades, luego puede tener una vida paralela tierna y hasta casi virtuosa. (El tipo que aparece en un móvil extraviado en donde lo mismo realiza actos de terror que protagoniza escenas de humanidad.)

         De todas formas, Xavier Aldekoa cae en el gran tópico: el que afirma que la culpa de los males de África es de los europeos, es decir del colonialismo, de las empresas explotadoras, aunque luego reconoce, cuando habla del caso de la República Centroafricana, que esos males también tienen su origen en los factores tribales. Cuando alguien perteneciente a un determinado clan asume el poder, favorece a todos aquellos que son de ese mismo grupo étnico.

       Pero la obra también tiene fallos documentales, incluso culturales. El autor no sabe mucho, aunque habla de ello, de aquella tenaza que desplazó y casi desterró a los bosquimanos al desierto del Kalahari. Una presión que sí bien, como afirma el texto, fue ejercida desde el sur por los colonizadores europeos, especialmente holandeses, también se llevó a cabo desde el norte por los invasores ganaderos bantúes. Hacia el final de libro se pretende reparar un tanto esta carencia, otorgando a las “etnias vecinas” el protagonismo de la invasión norteña.

          Por otra parte, presenta, erróneamente, a Dar es Salaam como capital de Tanzania.

        Océano África está escrito con prisa, con el pulso dinámico del reportero que tiene que rendir puntualmente su crónica a su periódico. Cuenta lo que ocurre, lo que ve, tal y como sucede. Claro que el libro carece de valores literarios, pero para lo que se quiere expresar: experiencias y vivencias al límite, no hace falta tener un talento de letras y sí de vísceras, Aldecoa posee lo segundo, para qué más.

  • Lo mejor: El testimonio humano del autor -a veces implicado sentimentalmente- de las situaciones del peor lado de la humanidad.
  • Lo peor: La vuelta de tuerca del periodismo blanco encantado de conocer y experimentar emociones fuertes. El negocio mediático de la miseria y la atrocidad. También algunos fallos de redacción y de conocimiento documental de África.
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