A propósito de… Ana María Briongos

Tuvimos la suerte de tener con nosotros a la viajera, escritora y orientalista Ana María Briongos. Ana María ha viajado sobre todo por Asia, el continente que más le ha cautivado.

Afganistán, Irán y la India son los países que mejor conoce y que más le han marcado. Ana María comenzó conversando sobre los viajes en su época –años 60 y 70-, nuevos para ella y su familia –fue la primera generación de la familia que viajó-. Se experiencia fue especial porque, al ser mujer, podía entrar a los lugares de mujeres, y por su condición de occidental, también tenía acceso a cosas de los hombres. Según ella misma, era una especie de tercer género. De haber sido inglesa o francesa, no habría podido entrar o quedarse en los países, por haber sido considerada una espía.

Ya entrando en su experiencia viajera personal, sus primeros viajes fueron con una compañía de barcos turca que, tras hacer diversas paradas, llegaba a Alejandría y Beirut. Aunque su destino inicial era la India, paró en Kandahar, donde llegó a ser la única chica occidental que residía en la ciudad en la época (1968), y sin que la ciudad contase con una embajada española. El choque cultural que experimentó al llegar a Afganistán fue muy grande, pero era eso justamente lo que buscaba: un cambio de mentalidad. Después de permanecer un tiempo en Kandahar, se dirigió a Kabul. Profundizando sobre Afganistán, Ana María nos contaba que aunque se trataba de un país austero, no podía considerarse mísero, y que las diversas tribus vivían en equilibrio hasta que llegaron los soviéticos. En aquella época, las mujeres de la ciudad iban tapadas –excepto las mujeres de los funcionarios, que incluso llegaban a lucir minifaldas-, pero las del campo no, porque trabajaban. Iban de rojo, porque por ley los oficiales no podían disparar al rojo. Los hombres eran muy serios y apenas hablaban, ni siquiera entre ellos. Kabul era una ciudad pequeña en la que la gente de élite –de etnia pastún- se conocía e incluso era de la misma familia. Al principio se tuvo que quedar en Kabul porque se declaró una epidemia de cólera- con el fin de cobrar dinero de la OMS-, y ahí comenzó a trabajar en una oficina de Air France, haciendo una suplencia hasta que terminase la cuarentena. En definitiva, es la época que narra el escritor Khaled Hosseini en sus libros. Muy diferente a la actual, pues hay cosas que se podían hacer entonces y que hoy son impensables. A día de hoy, por su situación cerrada, los afganos quieren conversar y conocer cosas de otros países.

Además de Afganistán, fue Irán el país sobre el que más nos habló en su visita. Al principio, ese país no le interesaba, porque pensaba que sería parecido a España. Fue allí a aprender persa, con el fin de volver a Afganistán –incluso, en su etapa de Teherán, pasaba sus vacaciones en Kabul-. Sin embargo, después sí despertó su interés. Los iranís, al no ser árabes, se sienten muy identificados con los españoles, porque como nosotros, se resistieron al Islam, a la escritura árabe, etc. Ahora hay allí un movimiento de vuelta a los orígenes, de promoción del zoroastrismo –su antigua religión-… Están en contra del régimen, pero como hay mucha picaresca para evitar las normas, se vive bien. La homosexualidad se considera un error de la naturaleza, y se paga la operación de cambio de sexo. Hay mucho orgullo de ser persa, y el idioma no desapareció porque, cuando estaba a punto de hacerlo, un poeta escribió la Historia de persa en ese idioma.

Sobre libros y literatura de viajes, opina que hay libros que es mejor leer antes de un viaje, mientras que otros son mejor para después. Tiene libros de experiencias escritos treinta años después de las vivencias, y también libros hechos a partir de notas, que obviamente son más descriptivos. En su opinión, las vivencias de los viajes suelen quedar idealizadas, aspecto que afecta al proceso creativo de un escritor. Actualmente, nos cuenta, ha perdido interés por escribir.

Terminaba nuestra charla con un par de apuntes sobre Calcuta –otra ciudad que conoció bien-, como es el hecho de que aunque se conoce mucho su pobreza, es una ciudad con una vida cultural muy activa, o la curiosidad de que el derecho a residir en determinadas aceras de la ciudad es hereditario. Como síntesis del momento actual en esa zona del mundo, opina que los principales problemas son el descontento de los jóvenes y la falta de adaptación de una religión milenaria a los tiempos modernos. Una frase sobre el inicio de sus viajes, resume muy bien el sentir de nuestra invitada en aquella época en relación al viaje: “Como nunca pasaba lo que esperábamos que pasase, no quedaba otra opción más que troncharse de risa”.

Sergio Gonzalo

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