Autobús o marshrutka

Nada es como nos habíamos imaginado. No solo no es como cualquiera de las estaciones de autobús que estamos acostumbrados a ver en cualquier país occidental, sino que además no tiene nada que ver con la otra estación de Tbilisi en la que hemos estado apenas unos días antes, denominada “Didube”, para dirigirnos al norte. Aquella, la de “Isani”, destinada a los autobuses que se dirigen al este de Georgia, no solo está peor organizada, sino que apenas sí vemos tres o cuatro medios de transporte colectivos, entre autobuses y marshrutkas, los dos medios de transporte principales del país, y cuya diferencia parece abismal en todo el vasto territorio de la antigua URSS, sin que a mí aún me haya quedado perfectamente claro el criterio que delimita ambos conceptos. Meses antes, en la lejana ciudad siberiana de Ulan Ude, había interpretado que las diferencias principales eran el tamaño –siendo menor el de una marshrutka-, y el sistema de salida –teniendo horas fijas los autobuses, y saliendo cuando se llenan las marshrutkas-, pero informaciones recibidas con posterioridad me habían hecho dudar de esa interpretación.

La salida de la boca de metro no arroja ninguna luz. Comenzamos a caminar, cruzamos la calle, e intentamos acercarnos al más cercano de los pocos autobuses o marshrutkas que vemos. Preguntamos, valiéndonos de mis escasos conocimientos de ruso, al conductor por el lugar desde el que parte la marshrutka que podemos tomar para llegar a Sighnaghi, pero no sabe ayudarnos. Segundos después le formulamos la misma pregunta a un viandante que pasa por allí, y nos señala con el dedo la parte superior de la amplia avenida que comienza a unos metros de la boca de metro a la que acabamos de llegar. Ascendemos por el lado derecho de esa avenida, con la esperanza de que al llegar a su parte superior podamos encontrar alguna pista sobre cómo resolver nuestro problema. No nos es posible llegar hasta arriba, pues a la mitad de nuestro trayecto, un grupo de cinco o seis taxistas nos rodea para conocer el destino al que deseamos ir. Se lo comunicamos, y como era previsible, nos ofrecen llevarnos ellos mismos, aunque, eso sí, por un precio que, de cumplirse –algo siempre a comprobar en esos casos-, no es para nada descabellado. Aun así, preferimos vivir la aventura de llegar a Sighnaghi en transporte público y declinamos su ofrecimiento. Por supuesto, no es fácil librarnos de ellos. Uno de ellos, el que se muestra más activo y participativo en la conversación, que además tiene algunas nociones de inglés, nos indica que la dirección en la que caminamos es errónea si nuestra intención es tomar la marshrutka dirección a Sighnaghi. Como en la parte superior de la avenida no parece haber gran cosa y no tenemos nada más a la que agarrarnos, le hacemos caso, descendemos la avenida, giramos a la izquierda y avanzamos los trescientos metros que nos ha indicado, pero no descubrimos la parada de autobús que, se supone, debíamos haber encontrado.

Con rabia por el estúpido engaño, probablemente una pataleta por no haber utilizado su servicio de taxi, deshacemos el camino andado y volvemos a intentar ir hacia la parte superior de la avenida. Al iniciar el camino, vemos a una persona vestida de policía y decidimos preguntarle. Parece seguro de conocer el lugar que buscamos, y nos incita a seguirle. Sin embargo volvemos a pasar por el lugar en el que los taxistas conversan junto a sus vehículos, y rápidamente convencen a nuestro acompañante de que de la zona a la que nos dirigimos no sale ningún autobús ni marshrutka con dirección a Sighnaghi. Ante los diversos indicios de que en la parte superior de la avenida puede haber algo que nos puede ayudar, ya que varias personas han insistido en ello, decidimos hacer caso omiso a todos ellos y llegamos al lugar al que deseábamos. La avenida termina, y giramos a la izquierda, única salida posible, por una pequeña calle en la que se ven algunos vehículos colectivos más. Nos acercamos a uno de ellos, preguntamos, y nos señalan con la mano hacia un poco más allá de donde hemos llegado. Seguimos caminando, y por fin, vemos lo que parecen unas taquillas, ubicadas en un decrépito edificio de planta baja.

Preguntamos en la taquilla, pero la persona que allí se encuentra, no parece entendernos o poder ayudarnos. Un hombre que fuma junto al puesto de venta de billetes se nos acerca. Pronuncio la palabra “Sighnaghi” y niega con la cabeza. Sin embargo, parece discurrir durante unos segundos, y pronuncia una palabra que no conozco. Saco de un bolsillo de mi abrigo el mapa de la ciudad de Tbilisi, pensando que puede querer decirme el lugar de partida de los autobuses que buscamos. Señala fuera de los confines del mapa, por lo que saco el mapa de Georgia que viene en la guía que llevo en el otro bolsillo. Señala en ese otro mapa la ciudad de Tsnori, y consigo llegar a entenderle que podemos ir en la marshrutka que él conduce a esa ciudad, y desde allí tomar un taxi a Sighnaghi. No lo dudamos, compramos el billete, y esperamos los quince minutos que restan para la partida.

Una vez dentro del vehículo, comienzo a fijarme en el resto de pasajeros. Dos jóvenes muy morenos de barba descuidada ocupan los asientos traseros. Delante, hay varios asientos libres a mi lado. Los asientos anteriores a esos los ocupan mi compañera de viaje –hemos decidido separarnos para sumergirnos más en la experiencia- y un hombre gigantesco que prácticamente la tiene acorralada. Y en los primeros asientos dos esperan la salida dos mujeres, y los voluminosos bagajes que las acompañan, que ocupan casi todo el espacio disponible en esa parte delantera del vehículo. Una de las mujeres porta diversas bolsas y paquetes, todos ellos atados o cerrados de diversas e ingeniosas maneras. La otra lleva un ramo de flores. El autobús-marshrutka comienza, por fin, su recorrido. Pocos metros después de salir, vuelve a detenerse para dejar subir a cuatro jóvenes chicas que a última hora se suman a la expedición. El viaje de a Sighnaghi sólo está comenzando, y sin embargo, en un rato ya hemos vivido muchas experiencias. Son las vivencias de un viaje.

Sergio Gonzalo

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s