Literatura infantil

Literatura infantil

Delante de mí, dos chicas gemelas, hablan de sus cosas, están contentas, van de viaje. Son más jóvenes que yo y yo también soy joven; me gustan. He decidido viajar a Oporto aconsejado por una amiga; ¡Aprovecha el puente y no te quedes en Madrid, cómo siempre!

MT conversa con Nùria en voz baja unas filas más adelante, del otro lado del autocar. En un área de servicio compartimos mesa los tres. Entre cafés y bollos MT me cuenta que escribe literatura infantil y que ha publicado en varias editoriales ¡me tiene fascinado! No sé a qué se dedica su amiga. De las gemelas sólo recuerdo risitas y una complicidad entre ellas mayor de la que puede darse entre amigas.

Tras regresar de Oporto MT y yo quedamos un par de veces en Madrid, la última en la terraza del Café Gijón. Desde entonces soy asiduo lector de literatura infantil y juvenil.

Muchos años después, septiembre de 2014, estoy disfrutando de Colombia en otro viaje organizado.

Ha sido un día largo de carretera. En el hotel tenemos poco tiempo; una ducha rápida y unos minutos para relajarnos, parte de los cuales dedicamos a conectarnos al wifi del hotel; nunca es fácil y por tanto nunca es rápido.

¡Clinnn! un whatsapp de Begoña, una amiga: “Félix, espero que te lo estés pasando estupendamente por Colombia. Quería pedirte un favor sin compromiso; si me puedes conseguir el libro “Blas de Lezo para niños”, publicado por la Universidad Javeriana de Bogotá en 2007. A la autora la conocí hace poco, escribe como yo, literatura infantil y vivió una temporada en Cartagena de Indias. Se llama MT”.

¡Joder, MT, que coincidencia… pero si hace por lo menos quince años…! pienso.

Nos queda una hora escasa de luz y salimos a patear la ciudad de Manizales. Admiramos la estatua del Cóndor-Bolívar; mitad cóndor mitad hombre desnudo, a su espalda la catedral de cemento. Impresiona subir hasta los cien metros que alcanza la torre más alta. No está pintada ni rematada, en el interior hay zonas en las que se ven las varillas de hierro del hormigón; el arquitecto quiso así hacer palpable, el alma de la catedral, sin embargo, la Iglesia cuando protestó por la estatua ya fue tarde ¡Bolívar estaba dando el culo a la catedral! Perdón quise decir la colita; la palabra culo es tabú en Colombia.

Una librería, ni tienen ni les figura el libro en la computadora. Lo mismo pasó en Medellín, en dos librerías, y en Cartagena de Indias.

El vuelo de regreso a Madrid agotador; dormir muy poco, las horas no pasan, dolor de cabeza… aterrizamos a las 10:30 de la mañana de un domingo soleado. Por la tarde y después de dormir tres horas seguidas salgo a despejarme y a comer algo por ahí.

Busco la salida del metro en el intercambiador de Avenida de América y me cruzo de frente con una mujer que me resulta conocida. ¿Serán las muchas horas encerrado en el avión, las pocas horas de sueño, el dormir tres horas en pleno día, el ligero dolor de cabeza que aún tengo, el hambre…?

  • ¡Perdona, tú eres MT!
  • ¡Sí, pero…!
  • ¡Hicimos un viaje juntos a Oporto hace un montón de años!
  • ¡Qué casualidad!
  • ¡Pues espera, que todavía hay más…!

MT me dijo que no encontré el libro porque prácticamente se distribuyó sólo por colegios colombianos y que cree tener algún ejemplar en su trastero. MT nunca ha estado en Colombia. Me quiso dar su correo pero, ya que ella tenía el de Begoña yo preferí que se pusieran en contacto ellas dos.

José-Félix Sánchez

 

 

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