Katmandú y los sentidos

IMG_5003La ciudad de Katmandú no solo tiene un nombre bonito. Tiene una vida totalmente alejada del orden, donde caben todos los sentidos:Gusto:

Ciudad gustosa donde las haya, saborear el polvo de las calles sin asfaltar, ni aceras, por donde pasan desde rickshaws a todo terrenos. Nosotros lo consideraríamos por sus dimensiones un solo carril; pero, por allí, pasan vehículos en dos direcciones y personas a ambos lados de la calle. ¿Como? En un perfecto ajuste de ruedas, piernas y tubos de escapes.

Repleta de restaurantes de todos los gustos gastronómicos, los sabores pasan desde el gran picante de unos momos de pollo, al dulce empalagoso del azúcar moreno sin refinar e irregular que te muestra lo natural que es por imperfecto.

Olfato:

Queroseno malo quemado en Thamel, olor a difunto en plena incineración en Pashupatinath, inciensos en stupas budistas o en la multitud de templos hinduistas dedicados a Shiva, Ganesha, Hanuman, Krishna, Vishnu, Parvati y sus múltiples formas. Olor a sangre de sacrificio animal en algún templo de Kali durante la época del Dashain.

Vista:

Delicada arquitectura en madera y barro, joyas de arquitectura Newarí en la Plaza Durbar, donde con absoluta generosidad nos dejan sentarnos en las escaleras de sus templos para contemplar la vida pasar, desde donde se puede ver la hermosura de los nepalíes, su cabello negro y fuerte, sus ojos profundos negros, sus cuerpos delicados, sus ropas a la manera tradicional de los ancianos o lleno de color en las mujeres, que las da un aspecto favorecedor y bello.

Pasear por sus calles cruzando Asan Tole, inicio en sus tiempos del camino al Tíbet, llena las pupilas de brillos vitales. Se pueden observar trajes de Bollywood, la última moda entre los adolescentes, cacharros de cobre para la vida cotidiana, verduras, frutas, flores para ofrendas, algunos objetos inservibles en nuestro mundo y con muchas vidas todavía en este.

Oído:

La música está presente continuamente en la visita, desde el repetitivo Om Mani Padme Hum a madres de empresarios indios cantando rezos por la salud de las empresas de sus hijos, cláxones ensordecedores y molestos, aunque no vi a nadie discutir tan solo tocan el claxon cuando conducen de forma tan agresiva. Habituales son las parejas de ciegos cantando con bastante éxito entre los paseantes. Ruidos hipnotizadores de los singing bowls y ruidos como los de un mitin político reclamando que se termine de escribir la Constitución nepalí.

Tacto:

Katmandú tiene el tacto más delicado del mundo y es la lana maravillosa de Pashmina o Cachemir, su suavidad y calidez te arropan en un abrazo de lujo.

La gran personalidad que tiene esta ciudad es merecedora de uno y mil viajes, seguro que iré a vivirla una vez más.

Namaste amigos de allí y aquí.

Ana Rodera.

 

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