CHINA FAST FORWARD

Autor: Sergi Vicente.

Editorial: Ediciones Península.

Por: Antonio Picazo. Escritor y periodista, especializado en reportajes de viajes y crítico de literatura de viajes.

                    De vigilantes y tramposos

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          Sergi Vicente fue corresponsal en China del canal catalán TV3. Con esa credencial tan chunga, uno empieza a leer “China Fast Forward” con una gordísima y panzuda mosca tsé tsé detrás de la oreja. Menos mal que Vicente, a lo largo del libro nada y, por los pelos, guarda la ropa. Camina por un filo de la navaja que en cualquier momento le puede hacer caer hacia el independentismo remolacha que pincha y corta la citada emisora de TV. Sí, el autor huele a nacionalista catalán, aunque, como digo, en general intente nadar entre dos aguas. A pesar de la habilidad de S. V. para no tintarse demasiado de color amarillo, en muchas frases y párrafos hay un tufillo separatista que se avienta espontáneamente entre las páginas del libro. A eso, y por otra parte, hay que añadir su filofeminismo sumiso tan al uso en estos tiempos. Total, una joyita de autor.
           Menos mal que S. V. ofrece una cuota de testimonio lo suficientemente documentado, práctico e interesante como para que el lector se olvide un poco de tanto ruido procedente del piso de arriba. El retrato que presenta de China en algunos casos es sobrecogedor y eso que este hombre, casado con una ciudadana de aquel país, a veces se torna excesivamente comprensivo con uno de los fenómenos sociales, económicos, políticos y poblacionales más tóxicos que habitan nuestro planeta.
           Habla Sergi Vicente de váteres comunes no compartimentados, un indicador de la sorprendente capacidad que tienen los chinos de ignorar a sus semejantes. También de la estigmatización que otorgan las grandes ciudades a aquellos que llegan desde el campo o las provincias. Es lo que allí se llama “hukou“, una fisura enorme que divide, no solo de manera prejuiciosa a los chinos del campo y la ciudad (capítulo de “La gran brecha”) sino que a veces incluye limitaciones de derechos sociales, en perjuicio de la gente rural, una especie de discriminación.
           Igualmente, en el libro se habla de la histórica y atroz tendencia a la esclavitud del pueblo chino. Dice S. V. que hasta hace poco, incluso todavía hoy, los chinos tomaban, o disponían, de solo un día libre ¡¡al mes!! La costumbre milenaria china de prácticamente carecer de vacaciones, es exportada, explotada y transportada al exterior. Que alguien me diga que ha visto en España un cartelito veraniego colgado en un comercio chino que diga “Cerrado por vacaciones” Los chinos de a pie que se asientan en occidente hacen lo mismo que en China, trabajan todos los días, a cualquier hora. Son rebabas, pues, de un pueblo tradicionalmente esclavo. Es la manera de vivir para trabajar de los chinos. Parece que han venido al mundo solo para respirar, comer, defecar y… para ganar dinero y, en consecuencia, adorar a esto último. Su mundo es su tienda, (que a veces es también su misma casa) su negocio, o su lugar de trabajo, o su chanchullo.
          Otra cosa de traca es la absoluta carencia de sentido ecologista de los chinos, esa numerosa plaga tan dañina para el medio ambiente. O la falta de escrúpulos a gran escala de los negocios tramposos y mentirosos chinos: las falsificaciones, por ejemplo, esta gente tiene una palabra, “shanzhai“, para referirse al mundo de los artículos falsos. Otra parcela vacía de escrúpulos es la que acoge a las adulteraciones de alimentos, o a la propia contaminación (capítulo “Llenar la barriga”), la insalubridad, en fin: o sea carencia de valores.
          O si añadimos a todo lo anterior el tránsito de las adopciones de niños en China, incluidos los secuestros, se va formando un gran forúnculo de difícil extirpación, esta gente, con su excepciones, claro, es así.
          Y ya como verbena final, la cuestión burocrática, corrupta y malvada del aparato estatal chino. El despotismo oficial. Los fulleros, represivos y corruptos elementos del armatoste gubernamental chino. El control comunista en China llega hasta el punto de crear iglesias (por ejemplo, la católica) paralelas, esto supone que los verdaderos feligreses formen otras iglesias propias y clandestinas. Por cierto, el capítulo “Mercado de almas” (sobre las religiones en China) es muy flojo. El autor resulta más superficial que en cualquier otro capítulo. Hay conceptos aclaratorios en los que no se atreve a entrar por la complejidad de los planteamientos doctrinales.
          Está bien, muy bien, que en varias partes del libro el autor critique y condene el derecho y sistema judicial chino, pero podía haberse ahorrado estos capítulos, porque la injusticia es inherente al comunismo. Injusticia y comunismo resultan ser términos redundantes, o mejor, son términos sinónimos. China, un Estado policial que no duda en emplear siete u ocho policías para vigilar a un solo corresponsal de TV. Pero igualmente, China emplea su aparato vigilante de la población como control orweliano. Eso sí (tufillo) el autor emplea mucho la palabra “Partido”, pero poco, o casi nada, “Partido Comunista”.
         En suma, que es casi un milagro que en algunos ambientes sociales de China, pueda haber algunos brotes de resistencia que germinan en el seno de una población cuyos surgimientos reciben, a cambio de su contestación, el fruto hueco de la nada, o la sombra a alargada de la cárcel, o quizá las tinieblas definitivas de algo peor.
            Lo mejor:
            El capítulo “Efectos colaterales”. Sobre los desahucios debidos al gran crecimiento de China y al despotismo oficial. Una buena aventura narrada por el autor con muy buen pulso y ritmo.
            Lo peor:
         – El optimismo del autor –sí, quizá es demasiado optimista– con la posible apertura democrática de China, con una futura libertad y liberación de los ciudadanos chinos. Como el autor afirma, él no la verá, yo tampoco.
        – La a veces defectuosa traducción (del catalán al español) de algunos fragmentos del libro.
         – Abusa de términos que no explica, cosa impropia en un periodista, por ejemplo: “Joint ventures” = Empresa conjunta. Alianza estratégica o consorcio. Unión de dos o más empresas. “Stand up”= El periodista in situ, es la aparición de un reportero que informa sobre unos hechos desde el lugar en el que han ocurrido.
        – En los capítulos en los que el autor hace análisis económicos, el libro pierde brillo y color. El capítulo “Potencia mundial”, está lleno de obviedades.
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EVEREST. PORQUE ESTÁ AHÍ.

Autor: Ion Berasategi.

Editorial: Desnivel.

(Por Antonio Picazo (Escritor y periodista especializado en reportajes de viaje. Crítico de literatura de viajes)

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   De 40 páginas, sobran 120.

         Esta novela (Premio Desnivel 2017) rememora la escalada que, en 1924, un grupo de británicos llevó a cabo en el monte Everest. Se trata de aquella expedición fracasada en la cual perecieron los míticos Andrew Irvine y George Leigh Mallory. El libro cuenta, además de la historia de ese ascenso, otra escalada en la que, dos españoles, en el año 2013, intentaron, también sin éxito, alcanzar la cumbre del Everest.

         El relato, en sus primeras 120 páginas (tiene un total de 160) resulta anodino, plano, sin color. En ese tramo, prácticamente no ocurre nada, sí es verdad que el lector pasa algo del frío torturador procedente de la gran cordillera del Himalaya, pero, en general, el texto discurre entre las aguas de un suave aburrimiento. De esa parte se salvan algunos detalles de humor, por ejemplo, las interpretaciones que los porteadores de la expedición británica hacen de las defectuosas y delirantes traducciones del idioma inglés al nepalés, las cuales reciben de un traductor que no domina muy bien el idioma anglosajón. El argumento, pues, es mortecino carece de la pericia necesaria para hacer interesante cualquier narración. Cierto es que a lo largo de las últimas 40 páginas, las dos historias tienen una remontada interesante, un cambio de ritmo, un giro, más que una subida de tono narrativo es una resurrección, guardándose para el final una sorpresa que, bueno, hace que uno se reconcilie con el autor y la obra gracias a la enmienda de la mala deriva que, hasta ese punto, llevaba la novela. “Everest. Porque está ahí”, se levanta de su anestesia y acaba despabilando al lector que ya andaba quedándose traspuesto.

         Sin embargo el autor, a lo largo de toda la narración, sufre diversos resbalones que se suman a la impericia general del texto, por ejemplo, abusa de ese rasgo típico de los escritores a los que les falta algo de músculo redaccional: el demasiado frecuente adjetivo delante del sustantivo. También circulan por el relato algunas frases redundantes, cuando no repetitivas, así como otras impregnadas de ese incómodo barniz aguachirle que es el tópico. Todo ello, posiblemente debido a una falta de celo en el proceso de corrección, o quizá a una edición poco rigurosa.

         El título, obviamente, está sacado de aquella famosa frase que dijo Mallory cuando le preguntaron acerca de su interés especial en llegar a la cima del monte Everest: “Porque está ahí”, manifestó. Es admirable la capacidad que tienen los británicos para embaucar al mundo. Con el mismo desparpajo con que envuelven sus fracasos con el papel de regalo del éxito (como en el caso de Shacklenton), sacan punta a una supuesta genialidad sublime, cuando se trata de una frase estúpida, básica, sin imaginación, ni ingenio, ante la que, por cierto, muchos escaladores españoles se postran mientras oran y adoran tanto a la propia frase como al santo que la dijo.

        Ojo, al final de la novela, ésta cuenta con un excelente recurso, un soporte narrativo muy sugerente.

      Lo mejor:   Las 40 últimas páginas.

      Lo peor:     Las 120 primera páginas.

LA ESPAÑA VACÍA

Autor: Sergio del Molino

Editorial: Turner

Por Antonio Picazo. (Escritor y periodista especializado en reportajes de viaje. Crítico de literatura de viajes).

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Esta noche gran velada: la España rural contra la España urbana.

          “La España vacía”, es un ensayo que trata de analizar y, en consecuencia, explicar la imposible, por difícil, relación en nuestro país entre lo urbano y lo rural, un fenómeno que generalmente no ha obtenido mucha atención en los espacios de la literatura divulgativa: es el eterno desencuentro, el diálogo mudo del campo/pueblo/provincia con la gran ciudad.

          Sergio del Molino dice cosas muy interesantes acerca de los pueblos, especialmente del interior de España. Esos pueblos pequeños, desordenados, escasamente cuidados, con pocos habitantes y éstos de avanzada edad. Casas pequeñas y desaliñadas. Este tipo de poblaciones que son así debido al clima y al carácter hispano, pero también a la pobreza. Son villas muy diferentes en comparación a los pueblos del centro y norte de Europa, estos muy ordenados, limpios, con gente de todas las edades.

       El libro recorre los diversos ámbitos del abandono rural español, por ejemplo: la utilización electoral de la España urbana respecto a la España vacía; o lo que tarda en desaparecer el pueblo, el campo, la provincia en aquellos que se fueron a vivir al ambiente urbano: a veces, dos o tres generaciones, incluso se mantienen en hijos y nietos que nunca fueron rurales o provincianos. La vacía patria de los herederos de los expatriados de la España vacía, los catalanes sin pedigrí, por ejemplo. También habla de los efectos del aislamiento y del aburrimiento en el ambiente rural, la carencia de estímulos externos y de la manifestación de alteraciones psíquicas que ello produce, de tal manera –y esto lo digo yo– que la provocación concentrada e intensa de esos efectos nocivos han sido utilizados como elementos de tortura en cárceles y campos de concentración. Trata, así mismo, de la soberbia de las ciudades urbanas, frente a la desconfianza de lo rural. O de que igual que se llega a creer en los mitos y en las historias sagradas, la gente necesita creer en los mitos y leyendas que con un poso de realidad reafirman identidades y patrimonios. Cada colectivo quiere (necesita) tener con vehemencia sus héroes y sus historias, éstas bien asentadas y homologadas por la verdad.

       También resulta interesante, e informativo, y en alguna medida desmitificador, cuando se habla del tramposillo de Luis Buñuel el cual mintió al rodar su película documental sobre Las Hurdes (Tierra sin pan). El director de cine se nutrió de escenas que el preparó o provocó. Dio y buscó imágenes extremas cuando Las Hurdes, aunque es cierto que se trataba de una zona precaria, también tenía otros lugares que no eran ni resultaban tan miserables. Filmó lo que él quiso ver y si ello no aparecía por lado alguno ya se ocupó de que sí existiera, rodando escenas por él provocadas o preparadas. A veces la realidad destruye al mito, pero mucha gente, como Buñuel, se empeña en perpetuarlo.

        Un tanto en relación a esto, el autor, en otro capítulo, menciona a los clásicos viajeros románticos que en el siglo XIX, visitaron España. Las atroces observaciones que reportan los escritores y cronistas románticos extranjeros sobre nuestro país. Llegan en busca de mitos y se encuentran con un territorio en donde lo bueno y lo malo conviven en un contraste sorprendente. Estos escritores viajeros, entre ellos,  venían a decir que si se quería escribir sobre España, lo mejor era no visitarla, porque así se mantenía perpetuamente el modelo que se había ideado.

        Del Molino trata de manera amplia el fenómeno de las misiones educativas y culturales de la Institución Libre de Enseñanza. Un propósito de redención y liberación de gente de la ciudad hacia la gente rural. Una avanzadilla de esa liberación que acudía a la España vacía para salvarla de su ignorancia. Misión de misioneros porque por muy buenas intenciones que los institucionistas tuvieran, ellos siempre eran extraños, y seguían siéndolo al terminar sus campañas de labor cultural. Igual ocurre actualmente con los maestros de escuela que, con mucha vocación, y durante un tiempo, se encargan de la enseñanza en medios rurales. Ello, hasta que consiguen una plaza fija en una ciudad.

          También es destacable la parte dedicada al carlismo, al colocar este movimiento tradicionalista y guerrero en clave de ideología subyacente, en este caso como agitación de la España rural contra la España burguesa y urbana, una reacción de odio contra los que despreciaban a esos rebeldes. La tradición contra el liberalismo, el centralismo, la burocracia y la corrupción. Un trallazo de las instituciones periféricas que siempre quisieron estar aparte (si no frente) del Estado central. El carlismo, la gran inspiración de los movimientos nacionalistas en España.

           Un libro interesante en fin, bien escrito por un autor que, por cierto, es otro de los que –y según expresa en el libro– se ha tragado eso de lo del genocidio de los españoles en América. Del Molino, sin embargo, aquí a veces resulta divagante y no exacto. Dice, por ejemplo, que la serie de TV. “Cuéntame” tiene un aire conservador que le recuerda a algunas películas de tono franquista como “La gran familia”, cuando la serie es un panfleto cuasi sutil de ideología izquierdista, en donde –y por no hablar de los argumentos de los diferentes capítulos– sus personajes de perfil progresista están atacados de virtudes, son responsables, civilizados, luchadores, inteligentes, cultos, inquietos, modernos, rompedores, sin embargo, los de rasgos conservadores son cerriles, obtusos, ridículos y caricaturescos. A un tío tan culto, tan buen indagador y buen escritor, no se le ha podido escapar este asunto, aunque yo lo prefiero despistado a interesado mentirosillo.

           Sergio del Molino dice, en fin: “El problema de las explicaciones totales es que lo explican todo demasiado bien”. No es su caso, al menos en algunas explicaciones en donde se lía y se lía, dando la impresión de que si bien sabe penetrar en los temas, no sabe salir de ellos. Como cuando afirma: “Y ya se sabe que la nostalgia es una expresión suave y resignada del miedo” ¡¿?! El autor no explica qué y por qué es esto. Parece una frase dicha por decir, así, de manera dogmática por una persona con síntomas y síndrome de sobradete.

 

Lo mejor:   El haber rastreado sobre un fenómeno no muy tratado en la literatura divulgativa. Una visión de las diversas caras que posee el monstruo del desencuentro entre lo rural y lo urbano.

Lo peor:     El no llevar a término bastantes ideas, suposiciones y exploraciones socio-histórico-culturales que se presentan en el libro. La recalcitrante tendencia del autor a no peinarse.